EL VALOR DE LAS PROMESAS

Dicen que prometer no empobrece; cumplir es lo que aniquila, y en el ámbito de la política, sobre todo en tiempos de campaña, es común la proliferación de promesas que después encontrarán la justificación respectiva, para explicar porqué no se cumplió. Así, por ejemplo, la crisis financiera mundial fue la razón de que Felipe Calderón no haya sido ‘el presidente del empleo’; o las trabas de la oposición, la causa de que Vicente Fox no lograra ser ‘el presidente del cambio’; o el “error de diciembre” de 1994 el motivo por el que Ernesto Zedillo no pudo ser el presidente del ‘bienestar para tu familia’.

Pero sea por el calor de las campañas o porque los toros se ven muy distintos desde la barrera, es común que los candidatos no prevean las dimensiones de sus ofrecimientos ni los factores que podrían impedir su realización. Y es hasta que ya están en funciones cuando se dan cuenta de la dificultad -y en no pocas ocasiones, de la imposibilidad- de cumplir; o en casos, como el de Coahuila, con la anterior administración estatal que, literalmente, ‘lo prometido es deuda’. De hecho, una de las promesas que más tardó en cumplirse a medias, es la que hizo Gustavo Díaz Ordaz en 1967, cuando dijo que el cobro de la tenencia vehicular sería para financiar los Juegos Olímpicos del 68, pero se quedó por 44 años, hasta 2011, porque a partir de este año se dejó de cobrar a nivel federal, aunque en algunas entidades federativas aún permanece.

Sirva lo anterior a manera de advertencia al nuevo gobierno federal que en los primeros días despertó buenas expectativas, luego del mensaje posterior a la toma de protesta, el anuncio de los Ejes y Acciones y la firma del Pacto por México; sin embargo, ya se empiezan a vislumbrar algunas señales negativas por el incumplimiento de compromisos del propio Enrique Peña Nieto o de su antecesor Felipe Calderón, pero que correspondía hacer efectivos a la actual administración, como la reducción del Impuesto Sobre la Renta para el próximo año.

Cuestión de recordar que en 2009 el gobierno incrementó la tasa máxima del ISR, de 28 a 30%, con la promesa de que en 2013 disminuiría a 29% y en 2014 regresaría al 28; sin embargo, en el Presupuesto de Egresos del año próximo, se mantiene la tasa máxima en 30%, por lo que no se cumplió con lo prometido. Por su parte, Peña Nieto estableció dos compromisos que, de entrada, ya están siendo cuestionados porque no podrán realizarse: la austeridad en el presupuesto mediante la reducción de la burocracia y el déficit cero en las finanzas públicas. Ambos anuncios arrancaron aplausos y fueron bien recibidos por la comunidad nacional, pero unos días después, las expectativas alentadoras se frustraron, luego de ver el proyecto de Presupuesto de Egresos 2013.

Y es que por una parte, contrario a la intención de eliminar puestos burocráticos o cuando menos, hacer más con lo que ya se tiene, el Presidente Peña solicitó a la Cámara de Diputados más de dos mil 500 millones de pesos para la creación de nuevas plazas en al menos 20 dependencias de la administración pública federal; y por el otro, déficit cero implica no contratar más deuda pero, como lo dice hoy en su columna Sergio Sarmiento, “los requerimientos financieros ascienden a 2.4% del PIB, que representa más de 401 mil millones de pesos, por lo que cero, lo que se dice cero, no es”. Además, austeridad implica gastar menos que antes, pero el nuevo presupuesto tiene un aumento de 2.4% real.

Definitivamente amigo radioescucha, la actitud que debilita a las naciones en su lucha por la democracia y la justicia -a la que se hace referencia en el ensayo Artesanos de la Democracia-, es “la tendencia a justificar un acto de renuncia, sea minimizando la realidad del mal mismo o declarándolo insuperable, lo que muestra la importancia de una esperanza puesta más allá de las posibilidades de cristalizarla”, para no caer en la tentación de ofrecer más de lo que se puede dar. Bien haría el Presidente Peña Nieto en tomar en consideración lo anterior para que no siga incurriendo en incumplimientos y tome conciencia de las dimensiones que tiene para una ciudadanía participativa, crítica y exigente, el valor de las promesas.

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